Roma - 48 horas en la ciudad eterna

Texto: Merche Gallego Fotografías - Lluis Trillo

Millones de turistas cada año no pueden equivocarse. Roma, la Ciudad Eterna, sigue siendo una de las capitales más visitadas del mundo y es que no siempre es fácil asistir a un espectáculo similar de arte e historia. Aunque el dicho popular asegura que Roma non basta una vita, un paseo de 48 horas en la capital italiana se convierte en la escapada perfecta en cualquier época del año.

 

 

 

 

 

Por la ciudad antigua e imperial
Para empezar a conocer la historia romana, lo mejor es iniciar la visita por sus monumentos más antiguos, los que hablan de su pasado más remoto. Lo que hoy es una explanada de tierra rodeada de césped donde descansan los turistas y actúan músicos espontáneos fue en su día el Circo Máximo. Desde aquí, superada la Piazza di Porta Capena y subiendo por la Via de San Gregorio se llega al corazón de la Roma antigua. Nos da la bienvenida el Arco di Constantino, construido en el año 312 por orden del emperador del mismo nombre para celebrar una de sus victorias. Y junto a él, el Coliseo (Colosseo para los romanos), símbolo de la ciudad y –para los mitómanos- una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo nombradas recientemente en la lista del millonario Bernard Weber aunque la UNESCO no avale esta clasificación.




El Coliseo es, sin duda, uno de los monumentos más imponentes de Roma. Será difícil no tener que sufrir las temidas colas para acceder a su interior, pero conviene armarse de paciencia y disfrutar de casi 2.000 años de historia a nuestros pies. Aunque su aspecto actual no rinde justicia a su esplendor pasado, todavía se mantienen en sus piedras los recuerdos de cuando funcionó como el mayor teatro del mundo y fue el escenario de cruentas luchas de gladiadores.

Junto al Coliseo se abren los Foros: el Romano, el Traiano, el de Augusto, el de César… En todos ellos siguen los estudios y las excavaciones para conservar el legado de la antigua Roma. No costará imaginar aquí cómo era la vida diaria de los antiguos habitantes de la ciudad y cómo se tomaban decisiones en la Curia, centro de la vida política romana. Justo enfrente, bajo el Lapis Níger o Piedra Negra, la leyenda cuenta que se haya la tumba de Rómulo, uno de los antiguos fundadores de la ciudad según la mitología. Por el momento nadie ha podido encontrarla…

Recorriendo el Centro Storico
Imaginemos un paseo por la siempre concurrida Via del Corso, uno de los principales centros comerciales de Roma. Giramos a la derecha por una de las callecitas adyacentes y, a los pocos metros, casi de repente, se abre ante nuestros ojos la monumental Fontana di Trevi. Desde que Anita Ekberg y Marcello Mastroianni se bañaron en ella a las órdenes de Federico Fellini en La Dolce Vita, la fuente se ha convertido en un icono. La escena dio la vuelta al mundo y desde entonces, millones de turistas han querido imitar a la pareja. Si se admite un consejo, mejor desistir de hacerlo, ya que el suelo de la fuente construida por Nicola Salvi en 1782 está conectado directamente al departamento policial y si se detecta un pie en el agua, las autoridades se personan en el lugar inmediatamente. A lo que sí será casi imposible resistirse es a cumplir con la tradición de lanzar dos monedas a la fuente de espaldas a ella: la primera garantiza el regreso a la ciudad y la segunda asegura que se encontrará el amor en Roma.


Cerca de la Fontana di Trevi se halla la Piazza di Spagna, que casi no necesita presentación con su famosísima escalinata. Al final de ella se levanta la iglesia de Santa Trinità dei Monti y en su parte más baja se encuentra la fuente de la Barcaccia, obra del padre del gran artista Bernini.

Para continuar el paseo desde la Piazza di Spagna es recomendable elegir la Via Condotti, una de las calles más elegantes de la ciudad, meca de la moda y el diseño italiano. Prada, Moschino, Versace o Armani son sólo algunos de los nombres que lucen sus escaparates, así que aunque sus diseños sólo estén reservados a unos cuantos bolsillos, mirar sigue siendo gratis… Si se desea un descanso degustando el típico capuccino, en la misma calle se encuentra el Caffe Greco, uno de los clásicos de la ciudad, punto de reunión durante años de numerosos escritores e intelectuales.

Si el Coliseo era el monumento imprescindible de la antigua Roma, el Panteón es el mejor conservado. Se encuentra en la Piazza della Rotonda y se empezó a construir en el año 27 aC por orden del emperador Agripa. Llama la atención su impresionante cúpula con la mayor bóveda que se haya construido jamás, y en su centro, el oculus, un enorme agujero de nueve metros de diámetro que permite la entrada de la luz (y del agua, cuando llueve) creando unos efectos increíbles. Aquí se hayan enterrados Vittorio Emanuele II y Umberto I, los primeros reyes italianos, y el gran artista Rafael.

En un corto paseo se llega a una de las plazas más encantadoras de Roma: la Piazza Navona. Artistas callejeros, tenderetes artesanos de pintores, comerciantes que venden souvenirs, excelentes heladerías… Aquí se concentra buena parte del ambiente y el encanto romano, además de contar con la presencia de una de las mejores obras de arte de la ciudad: la Fontana dei Quattro Fuimi, obra maestra de Bernini. Representa los cuatro grandes ríos: Danubio, Ganges, Nilo y Río de la Plata en forma de figuras humanas y la voz popular asegura que Bernini representó al río Nilo con los ojos vendados por estar “horrorizado” de la visión que tiene justo enfrente, la iglesia de Sant’Agnese in Agone, construida por su gran rival, Borromini.

Entre palacios, museos, elegantes edificios y calles empedradas se alcanza la Piazza de Campo de’Fiori. Es uno de los lugares romanos más animado, tanto por el día, cuando se organiza en ella el popular mercado de flores y plantas que le da nombre, como por la noche, cuando se concentran en ella jóvenes de todos los estilos que llenan las pizzerías y los bares de copas. En el centro de la ciudad se levanta la estatua en honor a Giordano Bruno, ejecutado por la Inquisición en esta plaza por aferrarse a la “herejía” de afirmar que era la Tierra la que giraba alrededor del sol y no al revés.

El Trastevere, encantador e italiano
El Tíber, el río que cruza Roma, ha marcado la vida y la fisonomía de la ciudad, dividiendo la capital y creando el barrio del Trastevere. Aunque los nuevos tiempos están llegando al barrio, convertido desde hace años en “zona de moda”, nadie puede negar que aún se trata de una de las zonas más encantadoras y auténticas de la ciudad.

Durante el día, el Trastevere mantiene un ritmo más propio de un pueblo que de la capital del país. Vendedores ambulantes, mercancías en las calles, ropas tendidas, ancianos de tertulia y las entrañables “mammas” italianas. Por la noche, todo cambia y turistas y locales llenan las calles para cenar en sus trattorias o curiosear entre las tiendas de música y ropa, abiertas hasta altas horas de la noche. Está claro que el Trastevere tiene dos vidas…

Cada domingo se celebra en el barrio el mercado de Porta Portese, uno de los más grandes de Europa en objetos de segunda mano. Llegan a concentrarse hasta 4.000 puestos en los que se puede encontrar casi de todo, especialmente antigüedades, ropa, libros, revistas, ropa y objetos de decoración. Cada vez es más difícil encontrar una auténtica ganga, pero si se sabe buscar (… y regatear) será bastante fácil salir con una buena compra en las manos.

El Vaticano: feudo católico
Es el estado más pequeño del mundo y a pesar de su cercanía con Roma (se llega en pocos minutos en autobús) sus cerca de 500 habitantes funcionan de forma autónoma. La máxima autoridad es el Papa, al que se puede ver oficiando misa cada domingo por la mañana en la Piazza San Pietro si sus viajes oficiales se lo permiten. La plaza es el centro neurálgico de El Vaticano, un espacio amplísimo en forma de elipse construido a mediados del siglo XVII. En ella se levanta la Basílica de San Pedro, la mayor del mundo aún hoy con capacidad para 60.000 personas. Curiosamente, sus orígenes son bastante más humildes, ya que se dice que San Pedro murió mártir en este lugar y para recordarlo, los cristianos construyeron una pequeña capilla. Fue el emperador Constantino, en un alarde de poder, el que ordenó levantar la basílica.

Además de su monumentalidad, dos obras de arte destacan en su interior. La primera de ellas es la Pietà de Miguel Ángel. El artista la esculpió cuando tan sólo contaba con 22 años de edad consiguiendo una sensibilidad extrema en la expresión de la Virgen, a medio camino entre la tristeza más profunda y la resignación cristiana por la muerte de Cristo. Actualmente, un vidrio protege la excepcional figura después de que un perturbado intentara destruirla a golpes de martillo en 1972.

En el centro de la basílica se encuentra el baldaquino de Bernini, un enorme dosel de bronce (en parte arrancado del Panteón) que se levanta sobre el lugar más sagrado de la iglesia: el punto en el que se encuentra la legendaria tumba de San Pedro. La tumba también puede verse accediendo al sótano del templo donde están enterrados la mayoría de los Papas de la iglesia católica. Uno de los féretros más visitados actualmente es el de Juan Pablo II. Desde la basílica también se puede acceder a la cúpula. Aunque la subida es costosa (la altura es considerable, no hay ascensor y se paga entrada aparte), la vista que se obtiene vale la pena. Los atardeceres romanos vistos desde aquí son muy, pero que muy distintos.

Imposible abandonar el lugar sin visitar los Museos Vaticanos, un espectacular conjunto de obras de arte de incalculable valor que la Iglesia ha ido acumulando y conservando a lo largo de los siglos. Aunque son muchas las salas y aposentos que merecen una tranquila visita, el principal objetivo de la mayoría de los visitantes es la impresionante Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Se trata de uno de los mejores conjuntos pictóricos del mundo, especialmente, su techo, al que Miguel Ángel dedicó cuatro años de vida con la única ayuda de una sola mano y un andamio para realizar todos los dibujos. En la actualidad, la Capilla Sixtina también es el lugar de excepción en el que se realiza el cónclave de la Iglesia católica cada vez que muere un Papa y hay que elegir sucesor, como ocurrió al fallecer Juan Pablo II y nombrar a Benedicto XVI.

La ciudad de las iglesias
Se dice que en Roma hay tantas iglesias que, si quisiéramos verlas todas a ritmo de una diaria, necesitaríamos más de un año para completar la visita. Como no es algo fácil para cualquier turista, conviene saber que hay siete iglesias que son consideradas históricamente los principales centros de peregrinaje de la ciudad. Las primeras son las cuatro basílicas patriarcales (San Pietro en el Vaticano, San Giovanni in Laterano, Santa Maria Maggiore y San Paolo Fuori le Mura). Las tres restantes son las iglesias de San Lorenzo Fuori le Mura, Santa Croce in Gerusalemme y San Sebastiano. No perderse tampoco la iglesia San Pietro in Víncoli, donde nos espera la grata sorpresa de contemplar de forma totalmente gratuita el Moisés de Miguel Ángel.



Cuando hay apetito…

Aunque la gastronomía italiana es una de las más exportadas del mundo, nada más auténtico que disfrutar de ella en Roma. Entre los diferentes productos autóctonos, el queso se ha ganado nombre propio. El más famoso de Roma es el pecorino, pero no resultará ningún problema probar otras especialidades como el parmesano, la mozzarella de buffala, fichota, fontina, gorgonzola, provolone… la lista es casi interminable. El dios Baco ya dio buena cuenta del fervor de los romanos por el vino y actualmente el Frascati es el más extendido en la ciudad. La pizza es la otra gran protagonista y, a pesar de que su origen está en Nápoles, los romanos tienen su propia forma de cocinarla: grande, muy grande, de masa fina y siempre cocida en horno de leña. Para terminar cualquier comida, nada mejor en Roma que un buen expreso y un helado artesano (en la heladería Giolitti presumen de servir los mejores de la ciudad).

Guía Práctica
Roma

DONDE DORMIR
Boscolo Aleph*****
Via di San Basilio, 48 http://boscoloaleph.hotelinroma.com Lujo y diseño a tan sólo cien metros de la Via Veneto. El hotel ganó el premio al mejor diseño de interiores en el año 2004. Destaca su personal interpretación de la Divina Comedia de Dante llevada al plano arquitectónico.

Eden*****
Via Ludovisi, 49 (Via Veneto)
www.hotel-eden.it
Uno de los hoteles más exquisitos de la ciudad. Su restaurante, La Terraza, ofrece una panorámica inmejorable y es uno de los que goza de mayor reputación en la ciudad.

Franklin Hotel Feel the Sound****
Via Rodi, 29.
http://franklin.hotelinroma.com
22 habitaciones en el distrito de Prati, muy cerca del Vaticano. Cada habitación tiene un nombre relacionado directamente con un ritmo diferente (soul, jazz, blues, rock, pop…).

Conte Verde*
Via Conte Verde, 4
www.conteverdehotel.it
Se encuentra a unos 20 minutos en autobús del centro histórico romano y todas sus habitaciones cuentan con televisión, baño privado, teléfono, calefacción y aire acondicionado.

DONDE COMER
Armando al Pantheon
Via Salita De’Crescenzi, 31
A elegir entre un gran repertorio de platos romanos, como la bruschetta alla romana, varios tipos de pastas o el cabalao alla pizzaiola. También ofrecen un menú vegetariano.

Giggetto al Portico d’Ottavia
Via del Portico d’Ottavia, 21
Sus orígenes se remontan a 1920, cuando empezó a cobrar fama por sus buenos platos y el excelente vino Frascati que servía.

Al Vantaggio
Via del Vantaggio, 35
Aquí cocinan los platos romanos más tradicionales: bucatini alla matriciana, trippa alla romana, saltimbocca, pollo con peperoni o torta de ricota, entre otros muchos.

LOCALES
Zeta Lounge Bar
Via di Grottapinta, 38
Desde las 19:30 hasta las 02:00h
Para tomar una copa con mucho ambiente al principio o al final de la noche.

Ice Club
Via Madonna dei Monti, 17
El primer local de Roma que ha seguido la tendencia de ciudades como Helsinki o Estocolmo y ha creado su bar de hielo.


Texto: Merche Gallego Fotografías - Lluis Trillo
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